Las desventajas
de la evolución
De ser organismos unicelulares —en el principio de los tiempos y la
vida—, los miembros de la especie a la que pertenece la que esto escribe,
fuimos evolucionando hasta ser lo que ahora somos: Homo sapiens hechos y
derechos.
Por María del Pilar Montes de Oca Sicilia | agosto
29, 2013
Justo en eso de ser derechos es donde más problemas tenemos, porque
haber evolucionado tiene sus pros y sus contras.
Los pros: el sexo y no me acuerdo de qué más. Los contras, muchos otros:
pasamos más frío que nuestros antecesores, tenemos dientes que nos estorban y
todavía no sabemos qué hacer con nuestro iq.
Por eso, a muchos de nosotros «nos carga el payaso» a cada ratito, y por
diferentes razones.
Por eso también tenemos que usar ratas y conejos en experimentos; y por
eso tuvimos que utilizar herramientas de metal, desde los primeros tiempos,
para sobrevivir al ambiente y crear oficios como el de arriero, aguador o
matraquero, para ganarnos «el pan con el sudor de nuestra frente».
Y así, evolucionando, evolucionando, los Sapiens sapiens
aprendimos a leer la forma de las nubes; escalamos las cumbres más altas;
empezamos a prohibir ciertos alimentos; nos tomamos una siesta —con y sin reloj
cucú—; poblamos Laponia e inventamos castas como las de los hijras y los guptas
allá por la India; participamos en revoluciones como la rusa y tomamos la
Bastilla; y, sobre todo, aprendimos que, además de alimentar el cuerpo,
teníamos que alimentar nuestra mente.
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