domingo, 6 de abril de 2014



Las desventajas de la evolución

De ser organismos unicelulares —en el principio de los tiempos y la vida—, los miembros de la especie a la que pertenece la que esto escribe, fuimos evolucionando hasta ser lo que ahora somos: Homo sapiens hechos y derechos.


Justo en eso de ser derechos es donde más problemas tenemos, porque haber evolucionado tiene sus pros y sus contras.
Los pros: el sexo y no me acuerdo de qué más. Los contras, muchos otros: pasamos más frío que nuestros antecesores, tenemos dientes que nos estorban y todavía no sabemos qué hacer con nuestro iq.
Por eso, a muchos de nosotros «nos carga el payaso» a cada ratito, y por diferentes razones.
Por eso también tenemos que usar ratas y conejos en experimentos; y por eso tuvimos que utilizar herramientas de metal, desde los primeros tiempos, para sobrevivir al ambiente y crear oficios como el de arriero, aguador o matraquero, para ganarnos «el pan con el sudor de nuestra frente».
Y así, evolucionando, evolucionando, los Sapiens sapiens aprendimos a leer la forma de las nubes; escalamos las cumbres más altas; empezamos a prohibir ciertos alimentos; nos tomamos una siesta —con y sin reloj cucú—; poblamos Laponia e inventamos castas como las de los hijras y los guptas allá por la India; participamos en revoluciones como la rusa y tomamos la Bastilla; y, sobre todo, aprendimos que, además de alimentar el cuerpo, teníamos que alimentar nuestra mente.

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